De borelogía.
No, amigos míos, ánimo: nadie desmaye, y siga la danza hasta que no haya madera para hacer palillos, ni piernas que la resistan. ¿Qué importa que uno quede manco, el otro cojo, aquella empiece a echar sangre por boca y narices, o la otra la lleven desde la academia bolerológica a su casa entre cuatro, si los que tienen la fortuna de quedar intactos lo lucen a porfía en cualquier parte? ¿Acaso hay gustos sin penas?